Conociendo el Mercado de la Tierra de la Región de Coquimbo

“Pequeños productores alimentando el planeta” es una de las consignas que representa a la comunidad Slow Food Coquimbo, la cual ya lleva más de dos años de actividad entregando productos sanos y limpios a precio justo, todos los primeros Viernes y Sábados de cada mes en las respectivas ciudades de la Serena y Coquimbo.

Tal vez pueden haber oído de esta organización en algunas redes o ferias, o quizás este término un poco gringo les es totalmente desconocido. Pero la verdad es que muy lejos de traducirse de forma literal a “comida lenta”, Slow Food corresponde más bien al nombre de un movimiento que en la actualidad agrupa a muchos países y comunidades a lo largo del mundo.

Fundada a fines de los años 80, la organización Slow Food, nació en Italia, como una respuesta a la aparición de la comida procesada o “fast food” que se dio en aquel país, al igual que en muchos otros, gracias a la globalización y consecuente exportación de este invento norteamericano. Su fundador Carlo Petrini, buscó generar una suerte de protesta en frente a la importación de este nuevo tipo de comida, y todo lo que conllevaba, buscando voltear el interés hacia lo que era la comida tradicional y característica de Italia, es decir, la comida hecha en casa preparada por los locales. Es así como nació esta organización, que luego dio origen a un movimiento, y a la creación de una universidad (Universidad de ciencias gastronómicas), como centro de formación de ideas, líderes, y activistas apostando por un nuevo modelo agroalimentario.

Actualmente el movimiento Slow Food aboga por un concepto de comercio justo, limpio, y sano, en donde los valores están puestos hacia la comercialización directa entre los productores y consumidores sin intermediarios, con el objetivo de estrechar lazos entre las personas, mientras se cuida el medio ambiente, además del patrimonio local y cultural de cada región. De esta forma se busca revalorizar el conocer quién produce los alimentos, cómo lo hace, y cómo nos los vende.

Bajo esta premisa es que nacen los Convivum a lo largo de todo el mundo, los cuales son pequeñas organizaciones de productores locales, agrupados bajo el mismo lema. Tal y como se describe en su sitio, los Convivium son la espina dorsal de este movimiento, sólo posible gracias a los voluntarios que trabajan activamente para ello. Los Mercados de la tierra, por otra parte, son los espacios o encuentros, en donde los productores se reúnen para vender sus alimentos y productos a los consumidores.

Es así entonces como llegamos a tener un Mercado de la tierra en un país tan lejano como Chile, y específicamente en la Región de Coquimbo, en donde pequeños productores se organizan bajo la misma consigna, con el objetivo de vender sus productos trabajados de manera agroecológica. A nivel de organización, el Convivium de la región de Coquimbo, está conformado por varios productores de la zona,  como Josué de Combarbalá, Don Hector de la Higuera, doña Irene de La Cantera, entre otros.

Este movimiento comenzó en Coquimbo, en el Mirador de la Herradura, pero luego se trasladó también a la Serena, debido a los clientes que pertenecían a esa ciudad. A pesar de haber partido tímidamente, actualmente el Convivium de la región de Coquimbo realiza Mercados de la tierra tres veces al mes, con expectativas de aumentar esta cantidad en los próximos meses.

La líder de esta organización, Bélgica Navea, es quien está a cargo de organizar reuniones entre todos los productores, y de liderar una serie de actividades inherentes a Slow Food, además de pertenecer al directorio nacional de la misma organización. Por otra parte, ella también vende hortalizas y frutas orgánicas de su huerta, y productos apícolas a través de su empresa familiar Apinatura. Gracias a sus años de estudio y perfeccionamiento actualmente trabaja a través de la ordeña de abejas, lo que permite que éstas no mueran en la elaboración de sus productos, y de esta forma se protege el medio ambiente.

Slow food, me comenta, es una forma de advocar por un modelo de vida, más lenta –como su nombre lo indica- en donde los productos sean realmente valorados, y la gente entienda de donde vienen los alimentos. Es decir, en donde más que consumidores, las personas se conviertan en co-productores, interesados en todo lo que implica comprar y adquirir un alimento. Algo bastante rezagado en un contexto en donde abundan los supermercados y los intermediarios como formas de adquisición de bienes y servicios, y en donde muchas veces no nos preguntamos dos veces el origen de lo que comemos.

Dentro de los participantes de esta organización en Coquimbo se encuentra Josué de “El Zanjón de Quilitapia”, emprendedor dedicado a la elaboración de quesos de cabra, desde hace más de 4 años. En los Mercados de la tierra es posible encontrar productos tan variados como queso al vino tinto, queso al merkén y orégano, leche y manjar de cabra. Actualmente además, se encuentra trabajando en el rescate del queso compuesto, un queso de tradición regional, que se prepara con una mezcla de leche de cabra cruda, y leche de cabra saborizada con ají de color, comino y ajo; y que por ahora muy pocas personas de la zona elaboran.

La importancia de rescatar estas tradiciones olvidadas es fundamental para Josué, quien ha trabajado con la población caprina desde los 5 años, aprendiendo mediante la observación desde pequeño. Estas recetas, según me comenta, han estado en las familias de la región por generaciones, sin embargo ahora son cada vez más escasas las personas que se dedican a esto, por lo que es importante no dejar que se pierda este legado.

Gracias a su emprendimiento de quesos, este emprendedor realiza turismo rural en su zona de trabajo, y en un futuro tiene expectativas de mejorar la infraestructura para poder ofrecer mejores productos, y servicios a sus visitantes. Todo lo aprendido en estos años de trabajo han hecho que Josué considere la sustentabilidad como algo inherente al trabajo, en donde como meta principal está el poder contar con un negocio que sea completamente autosustentable, es decir, en donde las mismas cabras, entreguen todo lo necesario para la elaboración de los quesos.

Por otra parte, existen negocios familiares como “Mermeladas Ayekán”, a cargo de doña Irene y su esposo, quienes elaboran mermeladas de forma artesanal con productos locales y característicos de la zona. Este emprendimiento familiar iniciado el año 2008, trabaja con productos según las distintas estaciones del año, pudiéndose encontrar en las ferias del verano mermeladas y jarabes hechos con los productos típicos de la zona, como las papayas, el copao, zapallo italiano, entre otros. Mermeladas reducidas en azúcar que se elaboran a mano, y con ingredientes recolectados y/o comprados a proveedores locales, que trabajan la tierra de forma agroecológica.

Tal y como me cuenta doña Irene, las mermeladas Ayekán se diferencian en que al ser trabajadas de forma artesanal no son estandarizadas, por lo que pueden cambiar según la misma variabilidad de los productos. Es por eso que ninguna mermelada será igual a la anterior, aunque lo que nunca cambiará, según me comenta, es el secreto de la abuelita, que significa hacer productos con cariño y muchas ganas.

Otro negocio familiar es “Sabores de las nubes”, a cargo de don Héctor Rivera y su esposa, quienes se encargan de comercializar aliños hechos con hierbas y frutas deshidratadas al sol, además de conservas caseras según la estación. Luego de varios años de experimentación, como me cuenta don Héctor Rivera, hoy tienen a la venta delicados productos gourmet, ideales para quienes quieren sazonar de forma diferente las preparaciones habituales. Entre ellos se encuentran sales con cebolla, almendras y ajo deshidratado, y otros productos con hierbas frescas y especias aromáticas.

Al igual que muchos otros emprendedores, don Héctor trabaja codo a codo junto a su esposa, quien está a cargo de la elaboración de los productos, y de las etapas finales. Todos los alimentos con los que trabajan son producidos y recolectados por sus propios dueños en su parcela ubicada en la zona de Las Barrancas.

Muchos de estos emprendimientos han nacido a base del esfuerzo y del ingenio, tal y como me cuenta don Jorge Díaz, que luego de ver como se perdían las aceitunas en su parcela, decidió transformar esta pérdida en un negocio familiar. Don Jorge, gracias a la ayuda de INDAP y de la colaboración con la Universidad de la Serena, actualmente se encuentra trabajando en la producción de aceite de oliva, además de comercializar productos de su huerta. Sus metas ahora están puestas en poder contar con una fábrica para continuar con la producción de aceite de oliva orgánico.

Otros emprendimientos como “Deleitte” están orientados a la comercialización de productos animales, como son los huevos de codorniz. Sin embargo la diferenciación es que en este emprendimiento los animales son alimentados con productos orgánicos y en donde no viven en cautiverio. Este negocio local ofrece huevos de codorniz en distintos formatos, y también realiza ventas de forma directa.

Por otra parte, Lorenza mantiene la tradición de la zona, rescatando preparaciones típicas como son el alfajor de manjar de arroz, hecho de forma completamente artesanal, además de las empanadas de alcayota y del tradicional pan de huevo. Todos sus productos son hechos a mano por ella, los cuales son preparados para cada feria, con ingredientes de la zona y de la estación.

Hablando acerca de los logros que han tenido como organización, Bélgica me cuenta que el año pasado fueron elegidos como el mejor Mercado de la tierra a nivel internacional. Esto fue increíble ya que les permitió asistir al encuentro mundial de Slow Food en Italia, en donde además de exponer acerca de su proceso, tuvieron la oportunidad de conocer alimentos y productos típicos de una diversidad de países, y compartir con sus respectivos expositores.

Dentro de las principales metas o desafíos a futuro, está el trabajar para la recuperación de alimentos propios de la zona, a través de la línea “Baluarte” de Slow Food. Esto tiene como objetivo el rescatar alimentos que ya han casi desaparecido, y que son originarios del país, como el queso compuesto, en el caso de la región de Coquimbo. Estos proyectos cuentan con el apoyo de FIA, y tienen como objetivo rescatar alimentos y productos casi “en extinción” por así decirlo, fomentando su producción y comercialización. Los primeros baluartes reconocidos por Slow Food corresponden a la frutilla blanca, los huevos azules y el merkén, todos productos originarios de Chile.

Otro desafío para estos productores, es el poder llegar a una mayor cantidad de público, y hacer que personas jóvenes también se interesen por la biodiversidad de la zona, las tradiciones y costumbres culinarias.

Algunos de estos productores han recibido el apoyo de INDAP para la realización de sus emprendimientos, pero la mayoría son independientes, lo que quiere decir que trabajan de forma autogestionada para poder contar con productos frescos y elaborados a mano en cada feria. En un contexto actual en donde realizar proyectos sin ayuda de otras organizaciones es sumamente difícil, es destacable todos los logros que han podido conseguir desde sus inicios.

Ciertamente este movimiento internacional no está exento de críticas, ya que hay quienes dicen que éste no es capaz de alimentar de forma real al planeta, puesto que la producción agroecológica no es capaz de dar abasto a tantas personas. Hay otros quienes dicen que los alimentos que se comercializan en estas ferias muchas veces son de costo elevado, y por lo tanto apuestan sólo a un segmento de la población que puede costearlos, el cual corresponde a la elite. Si bien muchas de las críticas que existen pueden ser cuestionables en algunos casos, y en otros admisibles, la verdad es que al menos en la Región de Coquimbo, esta organización trabaja de forma honesta por salvaguardar muchos productos y tradiciones de la zona, comercializándolos a un precio prudente, que es bastante justo.

Por lo tanto, creo que es más que destacable valorar todo el trabajo que hacen estos pequeños productores para lograr entregar productos de calidad a precios justos todos los meses. Sin duda es difícil encontrar en este mercado todo lo necesario para la alimentación de una familia, pero eso no quiere decir que no se pueda encontrar gran variedad y calidad de alimentos. Si cada vez más personas se interesan por esta forma de comercialización, lo más probable es que aumente la oferta y la diversidad de productos ofrecidos, y por ende sea más factible depender menos de los otros tipos de mercados.

Mi invitación es a apoyar estas iniciativas, y así lograr que puedan llegar a más personas y lugares. Es importante no desconocer nuestras tradiciones y nuestra cultura alimentaria, para así entender un poco más cómo nos alimentamos actualmente. Conocer cómo se produce el queso compuesto, o qué es el manjar de arroz, es algo que difícilmente se pueda aprender si no es conversando con las propias personas que lo elaboran.

Si vives en la región de Coquimbo y te gustaría ser parte de esta organización, no dudes en contactar a sus organizadores a través de la página de Facebook. Y por supuesto, la mejor forma de ayudar a que estos pequeños productores sigan trabajando de la misma forma en que lo han hecho, es asistiendo a la feria y comprando sus productos. Puedes encontrarlos todos los primeros Viernes y Sábados de cada mes, en la plaza Millbrae de la Serena, y el mirador de la Herradura en Coquimbo, respectivamente. Desde hortalizas hasta mermeladas, en la feria siempre vas a encontrar algo rico para llevar a tu casa, y compartir con tu familia o con tus amigos.