De viaje por Nueva York (primera parte)

En Octubre viajé a Nueva York por primera vez. Hace bastante tiempo que quería conocer esta ciudad, principalmente por la infinidad de referencias gastronómicas, musicales, y culturales a las que había estado expuesta desde la adolescencia. Es por eso que a finales del año pasado me decidí a ahorrar lo más posible y concretar este viaje. No fue tan fácil, pero afortunadamente lo logré, y valió la pena completamente.

Como decidí viajar y aprovechar al máximo todo lo que la ciudad tenía para ofrecer, me dediqué a vivir un mes en un departamento compartido en Brooklyn, en donde la vida, lejos de ser glamurosa, fue como la vida de una persona más. No estuve en hoteles, no cené todos los días en restaurantes, pero todo lo que conocí y aprendí fue mucho más importante y significativo. De más está decir que fue un viaje muy revelador, y emocionante, sobre todo porque fue muy personal, y alejado de lo que se consideraría como el turismo tradicional.

Desde que regresé que quería dedicarle unas entradas para compartir algunas de mis experiencias personales, sobre todo de los lugares que visité y conocí. La verdad es que no había tenido el tiempo necesario para hacer esto, ya que estos últimos meses han sido muy trabajados, y me han mantenido bien lejos del escritorio. Pero ahora, que por fin me puedo tomar una pausa para escribir, le dedico una entrada extensa, a lo que posiblemente ha sido el viaje más importante de mi pequeña y corta vida.

Nueva York, es una ciudad inmensa, con un montón de atractivos y cosas por hacer. Es imposible aburrirse en un lugar en donde prácticamente a cada momento está sucediendo algo. Hay conciertos todos los días, muchas librerías, restaurantes, galerías, un montón de museos; y parques, puentes y ríos para los que se sienten agobiados por tanto cemento.

Es una ciudad gigante, que a ratos puede ser hostil, pero nada de eso importa mucho, cuando la curiosidad es mayor. Todo está bastante lejos, por lo que caminar muchas cuadras, y bajar y subir muchas escaleras, es algo que todo el mundo hace sin pensarlo demasiado. Aún así existen estaciones de metro cerca de casi todo, por lo que si tienes que ir a cualquier lugar, andar en tren es la opción. Aparte de ser relativamente económico ($80.000 pesos chilenos aprox. por un pase ilimitado mensual), el metro funciona toda la noche, lo que cualquier turista agradece. Sólo hay que estar muy atento a los cambios que se hacen de forma recurrente, o podrías terminar mareado de tanta combinación.

Gente de todos los lugares, razas y nacionalidades conviven en este lugar, y existen comidas de todos los países que uno se puede llegar a imaginar. Mis ganas de conocer la ciudad siempre habían estado basadas en los libros, música y películas que había conocido; y en los últimos años, también por algunos restaurantes, panaderías, y activistas alimentarios, chefs, etc. de los que había oído hablar. Todo esto se materializó en otoño, mi estación favorita, y una de las más amables para recorrer la ciudad a pie, y con tiempo.

Viví un mes en los límites de Clinton Hill, un barrio de Brooklyn, con una comunidad muy diversa, con gran población afroamericana, y cargado de familias y jóvenes. Lleno de pequeñas tiendas, y muchos restaurantes, bares, y cafeterías, Clinton Hill es un barrio muy amigable, en donde una mujer puede perfectamente andar en metro de noche, sin sentir que le va a pasar algo cuando camine de vuelta a casa. Durante mi estadía fue la gran marcha de #Niunamenos en Chile, y me acuerdo de haber pensado en ese momento, que no podían ser más distintas las dos situaciones que me tocaba vivir. Caminar de noche en Santiago, y caminar de madrugada en Brooklyn.

Tuve la oportunidad de asistir a charlas, festivales y algunos workshops o talleres, acerca de muchas cosas emocionantes que me interesan mucho, principalmente ligadas a la alimentación, nutrición y cultura alimentaria, además de probar comidas exóticas, y recorrer muchos lugares inesperados. En esta primera entrada, quería compartir algunas de esas experiencias con ustedes.

Chinatown y Little Italy

El barrio de Chinatown, es un barrio comercial lleno de tiendas, restaurantes y negocios de chinos. Existen pequeñas tiendas comerciales en donde las botellas de sriracha cuestan 2 dolares, y en donde hay tantos alimentos y productos como te puedes imaginar.

Este fue uno de los primeros barrios que visité, principalmente por mi curiosidad de conocer un poco más de cerca los mercados y la forma de comercialización que tenían los productos, y la verdad es que fue una experiencia genial.

Pasear por sus calles atochadas es una experiencia que todos los que visitan Nueva York deberían hacer, sobre todo para una persona que viene de Sudamérica y aún no visita el continente asiático.

En Chinatown se pueden encontrar mercados llenos de mariscos y peces vivos, en donde siempre hay gente comprando; las más exóticas frutas y verduras para comprar a granel; y mariscos y distintos tipos de hongos secos en las calles. Hay caracoles del porte de una mano, y las jaibas tienen sus tenazas amarradas para que no logren escapar. Suena un poco chocante, lo sé. Pero nuevamente, así son de distintas todas las culturas.

Aparte de todo lo comercial, hay lugares para el descanso y la distracción como el parque en donde siempre hay muchas personas mayores jugando juegos de mesa, conversando, y muchas otras tocando música. Creo que lo que más me gustó y me llamó la atención fue ver a muchas personas y abuelos conglomerados en torno al juego. Fui varias veces y esta situación era algo que siempre pasaba.

Little Italy, por otra parte, es un barrio que colinda con Chinatown, y aunque está cargado de restaurantes y tiendas de productos italianos, se caracteriza por ser de menor tamaño y extensión. Los locales y restaurantes son más bien pequeños, y aunque hay varias de larga tradición, muchos se han tenido que mudar, por el aumento de los arriendos y la gentrificación que ha sufrido el barrio.

Grandes locales con carteles de neón, y con charcutería y quesos frescos, hechos por los mismos dueños, son parada obligada para todos quienes gustamos de la comida, y sobre todo de conocer cosas nuevas.

Muchas de las pastelerías italianas famosas por sus cannoli y biscotti, se han trasladado hacia otros barrios como Brooklyn, el Bronx y Queens, como mencionaba anteriormente. Aún así hay pastelerías famosas como Ferrara bakery, en donde venden deliciosos pasteles, galletas y helados. También está Cafe Pallermo, un local  famoso por sus cannoli, en donde puedes comprarlos en tamaño pequeño e individual; y restaurantes famosos como Angelo’s.

El barrio se torna en un festival, para la fiesta de San Genaro, la cual toma lugar el segundo jueves de Septiembre, alrededor de la última semana de verano. Es una fiesta religiosa en donde todo gira en torno a la comida, la abundancia, juegos y la celebración.


Cada vez queda menos de lo que antiguamente era Little Italy, pero vale la pena recorrerlo. Ir a Manhattan y no probar los deliciosos cannoli rellenos de crema de ricotta, con chips de chocolate, y los crocantes biscotti de frutos secos y especias, es un pecado. Muchos de estos dulces son bastante grandes, por lo que se pueden compartir. Y si andan solos también pueden guardar la mitad para el día siguiente, como yo lo hacía generalmente.

Para comer hay restaurantes para todos los gustos, desde los más familiares, hasta los que tienen menú ejecutivo; pero todos tienen pastas deliciosas y postres tradicionales para probar.

Union Square Greenmarket

Este mercado verde, está ubicado en la plaza de Union Square, casi al frente de un supermercado Whole Foods, y en el mismísimo centro de Manhattan. A pocas cuadras está la librería Strand, y el barrio universitario. Este mercado se realiza los días lunes, miércoles, viernes y sábado de la semana, y ofrece productos que van desde frutas y verduras orgánicas, carnes de pradera, huevo de campo; hasta productos elaborados, como panes, galletas, y quesos, yogurt hechos artesanalmente.

No es un mercado económico, sobre todo si consideramos los precios que los vegetales tienen en Chile, pero si tu estadía es más larga, es una opción para adquirir productos de temporada, muchas veces más económicos que en el supermercado, y por sobre todo, de mejor calidad. Lo bonito de este mercado es que es un mercado en donde muchas veces puedes conocer directamente al productor de los alimentos, conversar y degustar mucho de lo que se ofrece.

Esta cercanía es similar a la que se da en las ferias libres de los barrios en Chile, en donde uno si compra seguido, termina conociendo a su productor. Este tipo de iniciativas es algo que se ha venido replicando en muchos lugares del mundo, incluso en Chile, y que ayuda a vincular a las personas con los alimentos, y todo lo que hay detrás de ellos.

Me tocó visitar este mercado en pleno otoño, por lo que tuve la oportunidad de probar verduras y frutas de la estación, como manzanas, distintos tipos de calabazas y zapallos, zanahorias de colores y rábanos sandía y negros. Creo que las manzanas más ricas que probé fueron de la variedad “Honey crisp”, algo así como unas Pink lady, pero un poco más suaves, jugosas y de cáscara sumamente blanda.

Para mí ésta fue una experiencia hermosa, ya que me permitió probar todo lo que había visto alguna vez en libros, fotos y artículos; y con ello experimentar sabores diferentes preparando yo misma distintos tipos de comidas con estos productos frescos. Probé distintos tipos de “porotos verdes” de colores moteados y negros, betarragas doradas, y variedades de calabazas con cáscara comestible.

Con esto concluye la primera entrada de una serie de tres publicaciones, en donde les estaré hablando de todo lo que conocí en NY. En la siguiente entrada les mostraré algunos de los lugares que visité para comer, y también acerca de la charla de fermentación que tomé con el maestro Sandor Katz, algo así como el gurú de la fermentación. También quiero contarles acerca del mercado de Filadelfia, una maravilla en donde tuve la oportunidad de comer, y un festival de cortometrajes acerca de inseguridad alimentaria, al que tuve la suerte de poder asistir.

Espero que les haya gustado y que ojalá sigan atentos/as a las siguientes publicaciones. Todas las fotos son mías, y las tomé con mucho cariño, para poder compartirlas con ustedes! 🙂

  • Maca

    Que buen post, quedo atenta a los que faltan, iré de vacaciones a Nueva York en febrero así que tomaré muchos apuntes. Saludos!