Algunos de mis aprendizajes estos últimos años

El jueves 11 de Mayo tuve la oportunidad de asistir a la celebración del día del nutricionista en la Universidad Autónoma, en donde con motivo de celebrar a los futuros colegas, se desarrolló una charla bajo la temática de “alimentación y sustentabilidad”, en la cual expusieron algunos actores involucrados en el tema de desperdicio de alimentos como DiscoSopa y Ecomida; estudiantes de la carrera de Nutrición y Dietética con sus trabajos desarrollados para la asignatura de Nutrición comunitaria sustentable; y en la que también expusó quien les escribe acerca de este proyecto Volver a las raíces, hablando un poco sobre cómo es trabajar de forma independiente, con un objetivo claro, sin tantos recursos, pero con muchas ganas.

Mi participación fue muy breve, pero también me llenó de alegría, de saber que cada vez hay más profesionales de la salud dispuestos a trabajar desde un enfoque interdisciplinario, que no sólo considere la nutrición como el eje central o protagónico para una buena alimentación, sino también otros factores como la cultura alimentaria, la sustentabilidad, la estacionalidad y geografía en la que se encuentran las personas.

Desde que partí este proyecto siempre he tenido la convicción de que para acercar la nutrición a la comunidad, hay que trabajar también otros aspectos que se encuentran, por así decirlo, “entre medio”. Muchas veces a las personas se les hace difícil alimentarse de una forma saludable, cuando las/los nutricionistas trabajamos con alimentos o formas de preparaciones que no tienen mucho que ver con la cultura alimentaria de ellas, o cuando imponemos nuestros conocimientos por sobre los de los demás. No siempre es fácil, claro, pero desde la experiencia trabajando, he creído que es más fácil lograr cambios en los patrones alimentarios si nos concentramos en nuestras fortalezas, y no tanto en nuestras debilidades.

En este sentido, quería compartir con ustedes algunas ideas que expusé ese día, acerca de lo que ha sido mi propio descubrimiento y aprendizaje en mi quehacer como nutricionista, específicamente realizando talleres, y que me ha llevado a querer seguir perfeccionándome fuera del país en otros temas de estudio relacionados a la alimentación.

En primer lugar, creo que es fundamental, dado el escenario en el que nos encontramos, considerar que existen aspectos relevantes para una buena alimentación y nutrición, que van más allá de lo que siempre escuchamos o creemos saber y entender, ya sea como nutricionistas o personas fuera del rubro. Creo que es es tiempo en que nos concentremos en trabajar y comprender otros factores determinantes e influyentes que pocas veces abordamos de manera correcta, que tienen que ver con la cultura de las personas como; de dónde provienen; por qué comen lo que comen; cómo comen en compañía; cómo se diferencian a través del sexo, geografía, etc. Muchas veces he visto como se ignoran estos factores, lo que dificulta un acercamiento real de la comunidad a una alimentación más saludable. Si entendemos algunas de las características de nuestra sociedad como trabas o facilitadores para una buena nutrición, es más fácil partir desde ahí.

De igual forma, existen otros factores relacionados a las políticas, regulaciones y lesgislaciones alimentarias que también dificultan o entorpecen una correcta alimentación. Este punto es importante, ya que muchas veces no se toma en cuenta, como un real determinante. Primero debemos entender cómo influyen todas estas regulaciones, para luego abogar por cambios que beneficien a las personas, ya que como diría Michael Pollan “cocinar es un acto político” y lamentablemente hoy no es algo que todos pueden darse el lujo de hacer. Eso está mal y debemos trabajar para que cambie. No podemos quedarnos en entender la nutrición como algo que le decimos a las personas cómo llevar a cabo, o en trabajar en recetas saludables o tips de alimentación, si no trabajamos en mejorar el escenario completo. Como siempre escucho, la nutrición debiese ser transversal. En este mismo aspecto, me parece que actualmente es imprescindible entender nuestro sistema alimentario; comprender que es lo que funciona, y que es lo que está terriblemente mal; saber en qué influye lo que comemos y cómo ayudar o abogar por mejoras; comprender y educar acerca del impacto que tiene lo que comemos/producimos en el medio ambiente y qué podemos hacer desde nuestras bases. Sólo entendiendo como nosotros somos una parte de un gran conjunto de situaciones, podemos acercarnos realmente al problema.

Finalmente, y no menos importante, algo que me gustaría que todos los/las nutricionistas y las personas entendieramos es que comer no es sólo un acto orientado a nutrirnos con distintos minerales o vitaminas, sino que también es un acto que nos otorga placer, que nos permite conectarnos con otras personas, recuerdos y sabores, y por lo tanto, no es un acto unidimensional. No hay superalimentos que nos otorguen la formula secreta para vivir eternamente, ya que nuestra vida es finita, y si bien alimentarnos de mejor forma nos puede ayudar a vivir más, no es la única herramienta para ello, ya que hay demasiados factores que también influyen. Obsesionarse con la delgadez, la perfección, la nutrición óptima al cien por ciento o la vida eterna es no disfrutar de todo lo que hay entre medio, que es bastante. Relacionarnos de mejor forma con la comida; con los alimentos; con el acto de cocinar en casa; con la familia; con los amigos; implica también soltarnos un poco y no ser tan estrictos con todos y con nosotros mismos. Alimentarse de forma saludable significa un equilibrio.

En ese sentido, haber trabajado realizando estos talleres de alimentación y nutrición el año pasado fue extremadamente significativo para mí, ya que me permitió entender en el camino cómo muchos de estos factores influían en lo que yo esperaba lograr de los distintos cursos, y como mis conocimientos muchas veces no eran el único camino, o se quedaban cortos. Trabajar tan de cerca con distintos grupos de personas, me hizo entender por ejemplo, que el sólo hecho de compartir en grupo es determinante, y como a través de pura experimentación, las personas son capaces de abrirse a ideas y sabores diferentes. También pude ver como las personas al tener mejores destrezas o capacidades técnicas, mejoraban su confianza, y con ello se sentían capaces de cocinar proyectos de mayor dificultad. O cómo si los demás se atrevían a probar algo diferente, quien dudaba también lo intentaba.

Todo esto me hizo entender que quería seguir estudiando, aprendiendo lo que en la universidad nunca pude examinar de cerca, y que tenía más que ver con aspectos sociológicos, culturales y políticos de la alimentación, que con el entrenamiento científico y comunitario que tuve en mi carrera de pregrado. Es por eso que el año pasado viajé a Nueva York con el objetivo de conocer de cerca la ciudad, la carrera que quería estudiar y si eso era realmente lo que quería. Finalmente postulé a comienzos de este año al magister de Estudios alimentarios (o Food Studies), en el que fui felizmente aceptada en Marzo, y que espero poder estudiar esta primavera. Me lo tenía bien guardado, pero era algo que no quería contar hasta que pudiese ver que iba a suceder más de cerca. Ha sido un largo camino desde ese entonces, y que espero siga desarrollandose en el futuro (estoy cruzando todos los dedos!). Mi único consejo entonces es, si es que puedo dar uno, que sigan trabajando y experimentando, buscando el camino que les haga más sentido para lograr su objetivo, pero nunca separando a las personas de un todo. Entendiendo que la alimentación es algo que debiese ser, en primer lugar, un derecho, y que nos conecta e involucra a todos. La nutrición si bien es una parte fundamental de la alimentación, no puede ser lo único importante.