Salsa de tomates hecha en casa

La satisfacción de crear algo por uno mismo es insuperable. Partir con unos tomates y terminar con una salsa, es como estar en un laboratorio haciendo un experimento, sólo que el resultado final es poder degustar de algo hecho por ti mismo en casa.

Desde que cambié mi percepción acerca de lo que entendía por alimentos,  muchos de los productos alimenticios que consumía, se han visto reemplazados por otros, y por nuevas formas de prepararlos. Estudiando nutrición nunca fui demasiado crítica de la industria alimentaria, y no fue sino hasta que empecé a leer a distintos autores, y activistas alimentarios, que comencé a entender más todo lo que traía consigo el cocinar, frente al comprar y consumir.

La salsa de tomates, en especial, siempre fue de esas cosas que me intrigaba, ya que al dar vuelta la etiqueta, generalmente encontraba un montón de espesantes y preservantes conviviendo junto a los tomates, que no entendía muy bien que hacían ahí. Estudiando, uno entiende el rol de muchos compuestos químicos, pero aún así no dejaba de ser extraño para mí. Esta ingenuidad que muchas veces sentí al darme cuenta que no entendía muy bien lo que estaba comprando, es algo que ahora se ha visto reemplazada por una suerte de proactividad. Lejos de asombrarme por la cantidad de preservantes y conservantes innecesarios que tienen los productos que se encuentran en la industria, he tomado una actitud más positiva de acuerdo a lo que yo puedo hacer en contraste a esto. Un producto alimenticio siempre tendrá muchos compuestos como espesantes, saborizantes y colorantes artificiales para tratar de igualar algo que ya está en la naturaleza, o algo que preparado en casa no te requerirá más que el uso de unos pocos ingredientes, cariño y paciencia.

Creo que siempre debemos ser críticos ante lo que comemos, cuestionarnos el por qué, pero también es importante proponer soluciones, o cambios. De lo contrario, no tiene mucho sentido este cuestionamiento o crítica a nuestras elecciones. Consumir preparaciones hechas en casa siempre va a ser lo mejor, pero es algo que con la rutina a la que estamos expuestos, es difícil de llevar a cabo siempre. Es por eso que hay gente que cocina por nosotros, ya que con las jornadas laborales que tenemos, muchas veces resulta imposible embarcarse en estas actividades por cuenta propia. Sin embargo, creo que darle una oportunidad a cocinar, por muy difícil que sea en esta rutina ajetreada, es algo muy significativo, y que puede influir positivamente en nuestras preferencias alimentarias, y en nuestra confianza en la cocina.

Hace un tiempo leyendo un libro acerca de cómo todo lo que comemos finalmente nos define, me encontré frente a una tesis muy interesante que me hizo mucho sentido. Decía algo así como que actualmente las personas se sienten más temerosas de cocinar, ya que los medios de comunicación, como los programas televisivos, nos han hecho pensar que cocinar es casi como un don o algo que sólo pocos pueden hacer. Esto mismo genera que las personas nunca se sientan suficientemente confiadas de cocinar, ya que sienten no poseer las capacidades necesarias para crear un plato digno de ser fotografiado. Esto a la vez se convierte en un espiral, ya que mientras más nos atemorizamos, menos cocinamos, menos destrezas adquirimos, y así vamos cada vez más dejando el acto de cocinar, relegado a quienes consideramos aptos para este trabajo. Pero la verdad es que cocinar es un acto universal, y todos podemos hacerlo, es por eso que mientras más nos incorporemos en distintas actividades, mayor será nuestro dominio en la cocina, por ende en nuestra autoestima. Todo esto finalmente significara tener un mejor dominio en técnicas para cocinar por nosotros mismos, eligiendo qué comer y cuándo hacerlo.

Por ejemplo hacer salsa de tomates, es un proceso que para muchos puede resultar tedioso, ya que a pesar de ser bastante fácil, requiere de varias etapas que pueden espantar al más impaciente de los cocineros. Requiere tiempo, manos y paciencia. Pero por sobre todo, requiere que perdamos el miedo a hacer algo que tiene muchos pasos, como les decía anteriormente. Sin embargo, el resultado final es tan, pero tan reconfortante, que les aseguro que una vez que se embarquen en esta tarea no darán vuelta atrás. Es por eso que les recomiendo que no se dejen intimidar por los pasos que toma un proceso como este, sino que piensen más bien en el resultado final. Cuando cocinen, vean el color de la salsa, sientan el aroma, y piensen cuándo fue la última vez que al abrir un envase de salsa sintieron u olieron algo igual.

Ojalá se motiven a preparar salsa en casa, aprovechando así los tomates del verano, con su sabor y olor a tomates. Esta es una de esas recetas ideales para que compartan en familia durante el proceso.

Salsa de tomates casera (procedimiento largo)

Rinde para 8 (o más) frascos de 250 cc aprox. de salsa espesa.

Ingredientes:

6 kilos de tomates pomarola o del que prefieras
7 dientes de ajo (opcional)
1 manojo de tomillo fresco, y albahaca (opcional)
2 cucharadas de sal
2 cucharadas de azúcar rubia
1/4 taza de vinagre de manzana

Instrucciones:

Parte lavando los tomates, y luego pon una olla con agua a hervir. Por mientras, haz una pequeña cruz en el extremo de los tomates, para que sea más fácil pelarlos después.
Cuando tengas los tomates lavados y con este pequeño corte, échalos en la olla de agua hirviendo por un minutos, y luego pásalos por agua fría. Haz esto con todos los tomates, y luego retira la piel ayudándote de este corte.
Una vez tengas todos los tomates pelados, retira el pedúnculo y las pepitas, pero reservando el jugo. Este paso es opcional, ya que depende de si quieres pepitas en tu salsa, si no te molestan es más fácil.
Cuando tengas todos los tomates listos, córtalos en trozos o pásalos por la juguera hasta que queden semi triturados, dependiendo de si quieres una salsa con trozos o más líquida.
En una olla caliente, echa los tomates con los dientes de ajo, hierbas, sal y azúcar. Déjalos en olla destapada, a temperatura media, por una hora aprox. o hasta que la mayoría del líquido se haya evaporado. Cuando estén casi listos, agrega el vinagre para regular la acidez, y evitar la formación de microorganismos.

Esterilización:

Mientras los tomates estén listos, lava los frascos que vayas a usar y sus respectivas tapas. En una olla en la que quepan de forma vertical, colócalos, junto a sus tapas, y agrega agua hirviendo por encima hasta que estén tapados, y queden unos 5 cms. de sobra en la superficie. Hierve por 10 minutos y retíralos con cuidado con pinzas metálicas, asegurándote de colocarlos en una tabla limpia, retirando el excedente de agua.

Salsa en frascos:

Agrega la salsa en cada uno de los frascos y cierra de inmediato. Luego llévalos a la misma olla, tápalos con agua, y hierve por 10 minutos nuevamente.
Retíralos, y deja enfriar. Cuando se estén enfriando, verás como “baja” la tapa, y se sellan al vacío. *Si tu frasco no queda bien sellado, guarda en el refrigerador.
Luego guárdalos alejados de la luz y de la humedad. La salsa sin abrir, dura por un año aprox. Una vez abierta, su duración es de 4 días refrigerada.